Mi familia ya hace varios años que cooperamos con el hogar Familias de Esperanza. Fue una decisión de todos para ver como podíamos ayudar a seres tan inocentes. Nunca nos imaginamos que íbamos a recibir más de lo que podemos ofrecer. No sabíamos que iban a ser estos pequeños seres los que iban a transformar a mi familia por todo el amor que nos brindan.
Sinceramente no sabíamos, ni podíamos imaginar, lo que viviríamos desde la llegada de ese primer bebé a casa. Desde el primer día todos tomamos “parte activa” en el cuidado del bebé, tanto mi marido como mis 3 hijos. De a poco fuimos descubriendo cómo le gustaba dormir, comer y hasta ser bañado. Al recibir y abrazar por primera vez a ese bebé surgió en todos nosotros una necesidad de protegerlo, cuidarlo y quererlo incondicionalmente.
Muchas personas nos hacen la misma pregunta: “¿No se encariñan?” Y nosotros siempre damos la misma respuesta: “Por supuesto que nos encariñamos, si no lo hiciéramos no serviría”.
Le damos mucho amor y cuidado pero es mucho más el amor que recibimos de cada uno de los bebés.
Es difícil la despedida? Sí, muy difícil. Se siente una enorme alegría y una gran tristeza al mismo tiempo, pero la gran recompensa que recibimos es saber que ese bebé/ niño ya está con su Familia, y eso le da sentido a lo que hacemos. Ser Familia de Acogimiento es un acto de dar y recibir amor incondicionalmente.